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Cuadros

Guelaguetza Costeña
Homenaje a Huaxpaltepec: Donde la danza besa la tierra.
Esta fue mi primera propuesta para la imagen de la Guelaguetza en 2018. Es un tributo al Baile del Zorro y a la esencia más pura de nuestros pueblos costeños. Aquí, la algarabía no es espectáculo, es conexión; es el baile sobre la tierra misma, como era en su origen, lejos de la gentrificación y el alboroto moderno. Una celebración de la vida y la alegría que emana directamente de la raíz oaxaqueña.
Esta fue mi primera propuesta para la imagen de la Guelaguetza en 2018. Es un tributo al Baile del Zorro y a la esencia más pura de nuestros pueblos costeños. Aquí, la algarabía no es espectáculo, es conexión; es el baile sobre la tierra misma, como era en su origen, lejos de la gentrificación y el alboroto moderno. Una celebración de la vida y la alegría que emana directamente de la raíz oaxaqueña.

Tanguyú
Esta obra fue presentada como mi propuesta para la imagen oficial de la Guelaguetza 2024, naciendo desde lo más profundo del folklore oaxaqueño, encarnando la esencia viva de nuestras tradiciones. “Tanguyú” se presenta en forma de muxe: una figura andrógina que honra la diversidad y la riqueza humana que habita en nuestros pueblos, reflejo de la artesanía que trasciende géneros y se teje desde la identidad.
El cuerpo, fragmentado, revela en su interior un corazón de hojalata del cual emergen hilos rojos. Estos hilos simbolizan simultáneamente la sangre, las venas y el destino: la vida que fluye y el tejido que nace del alma, como nuestros textiles oaxaqueños, hilados desde el corazón de quienes los crean.
En una de sus manos sostiene frutos y productos de nuestra tierra, símbolos de abundancia y sustento espiritual, que nutren no solo el cuerpo, sino también el alma colectiva de nuestros pueblos. Sus aretes cuentan otra historia: de un lado, un huarache que evoca el movimiento, la danza y la celebración; del otro, una corneta que da voz a la música, esencia vibrante de nuestras festividades.
Coronando su figura, el maíz se alza como símbolo sagrado, representación de Centeótl, deidad del sustento y espíritu de la Guelaguetza. A través de él, se expresa la gratitud y la ofrenda: un homenaje a la tierra que nos da vida, a la herencia que nos une y al ciclo eterno de dar y recibir.
“Tanguyú” no es solo una imagen, es un acto de memoria, identidad y devoción.
El cuerpo, fragmentado, revela en su interior un corazón de hojalata del cual emergen hilos rojos. Estos hilos simbolizan simultáneamente la sangre, las venas y el destino: la vida que fluye y el tejido que nace del alma, como nuestros textiles oaxaqueños, hilados desde el corazón de quienes los crean.
En una de sus manos sostiene frutos y productos de nuestra tierra, símbolos de abundancia y sustento espiritual, que nutren no solo el cuerpo, sino también el alma colectiva de nuestros pueblos. Sus aretes cuentan otra historia: de un lado, un huarache que evoca el movimiento, la danza y la celebración; del otro, una corneta que da voz a la música, esencia vibrante de nuestras festividades.
Coronando su figura, el maíz se alza como símbolo sagrado, representación de Centeótl, deidad del sustento y espíritu de la Guelaguetza. A través de él, se expresa la gratitud y la ofrenda: un homenaje a la tierra que nos da vida, a la herencia que nos une y al ciclo eterno de dar y recibir.
“Tanguyú” no es solo una imagen, es un acto de memoria, identidad y devoción.

La Jicara de Centeotl
Esta obra es un acto de memoria frente a la erosión del tiempo. En el centro, una jícara rebosante de maíz simboliza la vida y el sustento, rodeada por mujeres de las ocho regiones de Oaxaca que, en un gesto de unidad y respeto, traen sus ofrendas al verdadero señor del maíz: Centéotl. Al fondo, la deidad emerge desde una milpa seca, una metáfora visual del olvido y la agonía de nuestras raíces espirituales. La pieza confronta la confusión contemporánea que ha feminizado a la deidad debido a los certámenes modernos, reclamando la identidad dual y original de nuestro dios en medio de un campo que clama por ser recordado para no morir."

La Gran Calenda del Mictlán
Esta obra fue mi propuesta para la imagen de la Guelaguetza 2024. Es un tributo a la memoria de todos los bailarines de las ocho regiones de Oaxaca que han partido, especialmente a aquellos que nos dejaron tras la pandemia. En esta visión, la muerte no detiene el baile: las almas suben al cielo para danzar sobre el lomo de la serpiente emplumada, guiadas por alebrijes que, con sus faroles, iluminan el camino hacia la eternidad. Una celebración de que su arte y su espíritu siguen vivos en el viento y en nuestras nubes.

Centéotl nos aguarda
"Esta obra nació de un sentimiento agridulce y una realidad necesaria. Originalmente concebida bajo la luz del día, decidí transformarla en noche porque hoy, el lugar donde habitamos los oaxaqueños atraviesa momentos oscuros. Nuestra comunidad migrante está siendo blanco de ataques, humillaciones y políticas que levantan muros de racismo y discriminación, obligándonos a resguardar nuestra cultura en las sombras por pura seguridad.
Duele ver el miedo en los ojos de nuestra gente, pero aunque intenten borrarnos, nuestra raíz es profunda. Somos hijos de la tierra del sol, del monte y del maíz. Es una contradicción dolorosa: mientras el hombre blanco nos rechaza en su tierra, viaja a la nuestra buscando experimentar la cultura que aquí desprecia. Les comparto esta imagen como una reflexión ante la incertidumbre: ¿Por qué seguimos tratando con hospitalidad a quienes nos responden con hostilidad
Duele ver el miedo en los ojos de nuestra gente, pero aunque intenten borrarnos, nuestra raíz es profunda. Somos hijos de la tierra del sol, del monte y del maíz. Es una contradicción dolorosa: mientras el hombre blanco nos rechaza en su tierra, viaja a la nuestra buscando experimentar la cultura que aquí desprecia. Les comparto esta imagen como una reflexión ante la incertidumbre: ¿Por qué seguimos tratando con hospitalidad a quienes nos responden con hostilidad

La Vieja
"'Debajo de la cama, un lagarto tenía...'"
"Este dibujo es mi homenaje a 'La Vieja', esa figura legendaria del son veracruzano. Es la picardía, la alegría que no envejece y la fuerza de la tradición. Un guiño a la canción y a todas las mujeres que son guardianas de nuestro folklore
"Este dibujo es mi homenaje a 'La Vieja', esa figura legendaria del son veracruzano. Es la picardía, la alegría que no envejece y la fuerza de la tradición. Un guiño a la canción y a todas las mujeres que son guardianas de nuestro folklore

Carnaval Putleco
Esta pieza fue mi propuesta para la imagen oficial de nuestro carnaval en Putla Villa de Guerrero. En ella busqué capturar la esencia de nuestras tres comparsas emblemáticas: el Copala (representando nuestras raíces triquis), la Danza del Macho (con sus icónicos tiliches) y la Comparsa de los Viejos. Es una celebración de la algarabía que inunda nuestras calles, donde la música y el color nos recuerdan que la tradición es el alma de nuestro pueblo.

Boda Calentana
Esta obra es un homenaje a las tradiciones de Guerrero y las distintas regiones de Tierra Caliente, donde una boda es mucho más que un rito; es un estallido de pasiones. Mientras la pareja central zapatea con elegancia al ritmo del merecumbé y las jóvenes al fondo esperan con algarabía el lanzamiento del ramo, una sombra de tragedia acecha en la distancia.
He querido plasmar la dualidad de nuestra tierra: por un lado, la alegría vibrante del baile y la ilusión de la fiesta; por el otro, el drama humano de un corazón roto. Entre la multitud, un joven deshecho en llanto intenta un último acto de desesperación por recuperar a la novia, siendo contenido por la fuerza de los suyos antes de interrumpir la unión. Es una estampa de la vida real, donde el júbilo y el dolor conviven bajo el mismo cielo calentano, recordándonos que cada rostro en la fiesta cuenta una historia distinta.
He querido plasmar la dualidad de nuestra tierra: por un lado, la alegría vibrante del baile y la ilusión de la fiesta; por el otro, el drama humano de un corazón roto. Entre la multitud, un joven deshecho en llanto intenta un último acto de desesperación por recuperar a la novia, siendo contenido por la fuerza de los suyos antes de interrumpir la unión. Es una estampa de la vida real, donde el júbilo y el dolor conviven bajo el mismo cielo calentano, recordándonos que cada rostro en la fiesta cuenta una historia distinta.

El Latido de la Artesa
En esta obra, el Son de Artesa se convierte en el eje central que une a los pueblos guerrerenses y afrodescendientes. Sobre el cajón de madera, el zapateado despierta una fauna mística: cada animal representado aquí es la encarnación de un son. Desde el vuelo del ave hasta la fuerza del jaguar, te invito a observar con atención: ¿puedes encontrar todos los animales que dan nombre a nuestra música? Una pieza que celebra la algarabía de la costa y el ritmo que emana directamente de la tierra y nuestras raíces negras.

Sones en la Olvera
En medio del ritmo acelerado de la modernidad, existen santuarios donde nuestra tradición late con fuerza. Esta obra es un homenaje a la Placita Olvera en Los Ángeles, un espacio que cada domingo abre sus brazos a los bailarines para que nuestras tradiciones y bailes folclóricos no se olviden. Es mi forma de agradecer ese rincón donde el orgullo de nuestras raíces se expone ante el mundo, recordándonos que no importa dónde estemos, la tierra siempre nos llama a través del movimiento y la cultura.


Domingo de Plaza
El mariachi suena y la plaza cobra vida. Esta pieza es un homenaje a la convivencia de nuestros estados hermanos: un punto de encuentro donde el orgullo de Aguascalientes y Zacatecas se funde con el vigor de Jalisco Nayarit y Colima. He querido retratar la picardía mexicana en todas sus facetas: desde el beso apasionado en el quiosco hasta el desamor que huye entre la multitud. Son historias de ayer y hoy, tejidas entre listones y sombreros de caporal, donde el cortejo y la algarabía nos recuerdan que la plaza es el alma de nuestra cultura.

Sinfonía del Mar
En esta obra, plasmo un anhelo profundo: ver a las distintas regiones de Guerrero y Oaxaca unidas en un mismo escenario, como sucede en los concursos de la Huasteca. Me imagino el emblemático teatro Sinfonía del Mar en Guerrero vibrando al son de una chilena, donde cada pueblo, con su estilo único, zapatea una 'Malagueña Curen̄a' o un 'Silencio Corazón'. Es una fantasía visual que celebra la diversidad y la belleza de nuestras tradiciones, uniendo a toda la costa y la sierra en un abrazo de danza y folklore.

Huapangueros
Esta obra es un homenaje a los bailarines que año con año se reúnen en la Sierra Gorda —en lugares emblemáticos como Pinal de Amoles o San Joaquín— para demostrar su destreza en el huapango. En el centro de la escena, coronando el baile, he plasmado mi estilo favorito: el hidalguense, con toda su elegancia y fuerza. Mientras las diversas regiones muestran su propia esencia, todos zapatean al ritmo de mi huapango predilecto, 'El Tejoncito'. Es una celebración de la diversidad huasteca unida por una misma pasión y un mismo tablado.

Carnaval
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